/Arte/Van-Gogh/VanGogh_Cottage.jpg)
Dicen que la vida a medida que vas creciendo, se hace más complicada. Algunos llegan a añorar su infancia, argumentando que la vida era más simple, que no habían preocupaciones mas que las de dormir, jugar y comer. Yo digo que no hay que aferrarse al pasado y mirar la vida como una red.
Cada hilo, es una experiencia nueva...su grosor, medida, textura y color dependen del tipo de decisiones que tomas. Todos los hilos a pesar de ser distintos, pueden tejerse por igual, intercalarse, pues son compatibles entre ellos.
Todas estas experiencias forman poco a poco una red, empieza muy ligera, pero pasa el tiempo, los años y se hace más pesada, más densa, casi inquebrantable. Y digo casi porque siempre hay espacios vacíos.Los espacios vacíos son dudas, incertidumbres, las cuales nunca, a lo largo de nuestra existencia en la Tierra, terminan.
Como digo, pasa el tiempo, la red se hace más compleja y pesada, pero fuerte. Es tan fuerte que ni el húracan mas devastador puede con ella. No se la lleva porque son tus ideas, forjadas a través de la experiencia y tejidas con el conocimiento y cada paso dado. Si te alejas un poco, puedes ver la obra tan magnífica que has creado. Si estás orgulloso de tus actos y no te arrepientes, esa red probablemente esté limpia, con los hilos tensos, sosteniéndose firmemente a sí misma. Si te arrepientes, si le reclamas a la vida todo lo que te da, si te quejas de tus logros o falta de éstos, la red estará rota por partes, los hilos serán débiles, como hilos podridos...
Si te conduces de una manera en la que tú y solo tú creas conveniente para tí y tu felicidad, verás que la red de tu vida tiene una forma única y magnífica, y si te acercas a verla detenidamente vez a detalle cada cruce, cada espacio vacío, cada forma que los hilos crean al juntarse, y notarás que todo, cada momento, ha valido la pena.
Es por eso que me gusta imaginarme la vida así, y es por esto mismo que no extraño mi infancia, ni me arrepiento, ni vivo en el pasado.
Y como dice el buen señor Sabines, juega uno a vivir.



